Lis Valle Menu #2

¡Prepárate para asombrarte! (el Otro Pentecostés)

Basado en Hechos 10:44-48

Piensa: ¿Cuáles son las personas con las cuales no se supone que compartas porque eres una persona cristiana?

Hace mucho tiempo Dios envió a Jonás a Nínive y Jonás no quería ir porque no se suponía que él compartiera con esas personas. Hace mucho tiempo Pedro no quería compartir las buenas nuevas del evangelio con los gentiles incircuncisos porque no se suponía que él compartiera con esas personas. Hoy recordaremos las historias de cómo Pedro cambió su forma de pensar y de sentir sobre este asunto.

No sé tú, pero yo soy muy olvidadiza. Una mañana de la semana pasada yo quería dejar mi máquina de coser en la mesa de manera que mi mamá pudiera usarla mientras yo estaba fuera. Ella no puede levantarla porque es muy pesada y puede lastimarla. Me fui de la casa y luego pensé: “¡No dejé la máquina de coser en la mesa!” Así que llamé a mi hijo para que lo hiciera al regresar a la casa porque él siempre llega antes que yo. Él decidió llamar a su esposa que estaba en la casa y pedirle que lo hiciera ella, de manera que mi mamá no tuviera que esperar. La esposa de mi hijo fue hacia la mesa y encontró que la máquina de coser estaba ya en la mesa. Todo esto ocurrió en menos de 10 a 15 minutos. Mi mamá todavía no se había levantado. Así que ella no lo hizo. Aparentemente yo lo hice antes de salir y todavía no puedo recordar que lo hice.

Una de las cosas que me desconcierta acerca de la Biblia es cuán rápidamente el pueblo de Dios se olvidaba de lo que Dios hacía por ellos. Sin embargo, a raíz de mi propia historia que acabo de compartirles, ¡no es nada raro que las personas olviden tan rápidamente! Me parece que olvidar es una característica básica de los seres humanos y porque olvidamos rápido, estamos todo el tiempo en la posibilidad de asombrarnos, pero de mala manera.

Como podemos ver en el relato de Hechos 10:44-48, Pedro y sus acompañantes se olvidaron de que tan sólo ocho capítulos antes [lee Hechos 2:7-13], el Espíritu Santo se derramó sobre sus vidas lo que causó gran asombro a un grupo de otras personas judías, igual que ellos. Su asombro fue así como: “¡No puedo creer lo que está pasando ahora mismo! ¡Estos son judíos, como nosotros, pero son galileos, a diferencia de nosotros y pueden hablar nuestro idioma!”

Y ahora, en Hechos 10 se repite la historia; la misma escena, pero personajes diferentes. Quienes recibían el Espíritu Santo eran gentiles incircuncisos, personas que adoptaron el Judaísmo, pero no se circuncidaron. La evidencia es la misma, hablaban en lenguas y exaltaban a Dios. La reacción es la misma: asombro. Pero ahora, quienes estaban asombrados, perplejos, maravillados, eran los judíos circuncidados. Y esto es lo que yo pienso que ellos olvidaron: ellos olvidaron que Dios hace lo que quiere, que el Espíritu Santo se mueve como quiere, que no puede ser limitado, que no puede ser encajonado.   

Los creyentes circuncidados esperaban que Dios derramara su Espíritu Santo sólo en quienes eran creyentes circuncidados como ellos lo eran. Ellos cumplían con la ley, vivían por las reglas que Dios mismo les había dado. Ellos estaban circuncidados. Ellos no comían alimentos profanos o impuros. Ellos no compartían con los gentiles incircuncisos o partían el pan con ellos. ¡Un momento! ¿Qué estaban haciendo ellos en casa de “Cornelio, un centurión de la compañía llamada la Italiana? ¡Ellos estaban rompiendo las reglas! ¡¿Y todavía tienen el atrevimiento de asombrarse porque Dios rompió las reglas!?

Veamos el contexto: Ellos estaban rompiendo las reglas porque Dios les dijo que lo hicieran.  Al principio del capítulo 10 de Hechos, el Señor le dio instrucciones a Cornelio para que enviara a buscar a Pedro, que estaba en otra ciudad. Cornelio era un hombre temeroso de Dios que oraba a Dios constantemente (10:2), que tenía buena reputación entre el pueblo judío (10:22), pero que también era un gentil incircunciso. Al mismo tiempo, Dios le estaba dando instrucciones a Pedro de que “mate y coma… alimentos profanos o impuros”. Un nuevo mandamiento que Pedro no acepta porque él cumplía con la Ley. Y Pedro le contesta a Dios: “No, Señor; yo nunca he comido nada profano ni impuro.” Bueno…, Dios insiste y cuando las personas enviadas por Cornelio llegan, Pedro entiende que la visión era una invitación del Espíritu para ir con ellos (los creyentes incircuncisos) y a no hacer distinciones entre “ellos” y “nosotros” (Hechos 11:12).  El resultado de la obediencia de Cornelio y de Pedro a la revelación que ambos recibieron fue un intercambio de hospitalidad que no se suponía que sucediera, de acuerdo con la ley que Dios le dio a Moisés. Pedro recibió a los creyentes incircuncisos en su casa. Cornelio recibió a los creyentes circuncisos en su casa. La camaradería entre circuncidados e incircuncisos estaba prohibida por las leyes religiosas, pero el Espíritu orquestó ese encuentro disparejo para mostrarles a ellos, y a ti y a mí, algo poderoso, algo asombroso.

El derramamiento del Espíritu Santo en los gentiles era un don que Pedro y los otros circuncidados tenían que ver. Fue tan importante, que el Espíritu interrumpe el discurso de Pedro para hacerlo. Entre la visión de “alimentos impuros” y la evidencia del derramamiento del Espíritu sobre los gentiles, Pedro se convirtió en un creyente de la misión hacia los gentiles y eso le causó problemas. Tuvo que presentarse ante las autoridades eclesiásticas a explicar su comportamiento (Hechos 11).  Pero, en ese momento, cuando Pedro vio lo que el Espíritu hizo, él supo que no le tocaba a él excluir a quienes Dios había incluido. Y ese cambio de opinión es el que vemos en su pregunta: “¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?”

Hermanos y hermanas, pueblo de Dios, no debemos llamar impuro lo que Dios limpió. Como podemos ver en los relatos que recordamos hoy, Dios invitó a Pedro, y nos invita hoy a ti y a mí, a no llamar a nadie impuro y a no hacer distinción entre ellos y nosotras.

Todas las lecturas del leccionario para el día de hoy señalan las cosas asombrosas que Dios hace. Ciertamente debemos asombrarnos, pero quizás dicho asombro no debe ocasionarlo el ver cómo Dios hace algo que no está de acuerdo a nuestras expectativas o que no cabe en nuestras cajitas. Quizás, el asombro debe venir de darnos cuenta de que “¡Dios lo hizo otra vez!” Una vez más Dios desafía nuestras expectativas para mostrarnos un camino mejor, para darnos un nuevo mandamiento. Ciertamente debemos asombrarnos. Preparémonos para asombrarnos al recordar lo que Dios ha hecho por ti y por mí, al recordar que siendo tú y yo gentiles, como lo somos, no se supone que estuviéramos aquí, pero lo estamos. Al recordar que si Dios cruzó fronteras y rompió las reglas por ti y por mí, también lo hará otra vez, y otra vez, y otra vez. ¡Preparémonos para asombrarnos!

Piensa otra vez: ¿Con quiénes no se supone que compartas porque eres una persona cristiana?

(Basado en un sermón presentado en la Iglesia Presbiteriana Westminster – Nashville, TN – 6 de mayo de 2018.)

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