Lis Valle Menu #2

Nuestra Madre Atabey

Guabancex e Iguanaboína ,
dos caras de la misma moneda,
dos mitades que forman un todo.
Nuestra madre universal de cinco nombres: Atabey Apito Guacar Yermao Zuimaco –
En ella, la destrucción y la benevolencia se unen;
Se constituyen una a la otra,
Se necesitan mutuamente,
Se complementan entre sí.
Atabey, mi madre universal, me mostró el camino a aceptar todo mi ser.
Soy a la vez la destrucción y la benevolencia.
Soy a la vez una virgen y una puta.
Soy a la vez un alma y un cuerpo.
Soy a la vez pecadora y santa.
Esa es la única manera en que yo soy una entera y no solamente una mitad.
Esa es la única manera en que yo estoy completa.
Esa es la única manera en que yo soy un ser humano completamente sano.

En mi reciente investigación de la religión taína aprendí que su cosmología es una de coincidencia de los opuestos complementarios. Esta cosmovisión que guió a las ceremonias religiosas de los taínos, así como su espacio ritual y panteón de cemíes (representaciones físicas de los espíritus divinos ) considera el mundo ordinario visible como opuesto y complementario al extraordinario mundo invisible.

Esta cosmovisión particular es diferente de la noción de opuestos binarios que subyace en el pensamiento occidental y que se manifiesta en la liturgia y la predicación cristiana. También es diferente de la cosmovisión que subyace el culto afro-americano y las cosmovisiones indígenas americanas que no reconocen ninguna división entre las esferas sagradas y seculares. Para los Taínos, la división entre el mundo ordinario (el mundo de los vivos ) y el mundo extraordinario (el mundo de los muertos, los antepasados ​​y los seres sagrados) existe, pero no en los binarios opuestos que no pueden coexistir y que necesitan mantenerse separados. Estos dos ámbitos se constituyen entre sí, pero más que eso, se necesitan el uno al otro en una relación complementaria. Sin el otro, cada uno de ellos está incompleto. Los dos mundos son dos mitades que se necesitan mutuamente para ser un conjunto.

Esta noción de “dualismo complementario” se manifiesta en la estructura de la organización del panteón de cemíes. Cada cemí tenía dos lados o dos manifestaciones con nombres y funciones opuestas pero complementarias. El poema anterior refleja esta dualidad complementaria en Atabey, que era la madre suprema en la religión taína. Encuentro en esta cosmología taína un enfoque más saludable para ser y estar en el mundo, especialmente siendo una mujer.

Los binarios opuestos que llenan el pensamiento occidental y permean el cristianismo, tal como llegó a Puerto Rico durante la época colonial, separan el bien y el mal completamente de tal manera que no pueden coexistir. La gente es mala hasta que se convierten en cristianos, y en ese momento pasan a ser buenos; por lo menos de acuerdo a lo que nos enseñaron en la evangelización colonial. De manera similar, las mujeres se consideran malas hasta que el cristianismo las convierte en mujeres puras y decentes. Los iconos para entender esto mejor son María Magdalena como una prostituta y María, la madre de Jesús como la eterna Virgen. Como una mujer creciendo en Puerto Rico sentí que tenía que elegir uno de esos polos, pero ser tan obediente, sumisa, y eternamente pura y virgen como la Virgen María es un ideal muy difícil de alcanzar. Por otro lado, cualquier cosa que se quede corta de ese ideal me ubica en la categoría de María Magdalena / prostituta.

Aceptar la dualidad complementaria de la religión taína y de Atabey, en particular, es una noticia liberadora. El poema anterior lo dice mejor. Yo estoy llena de oposiciones, pero no tengo que deshacerme de ellas. Las necesito todas para estar entera; y si estoy entera, estoy sana.

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