Lis Valle Menu #2

Una liturgia mujerista improvisada

¿Qué sucede cuando un grupo de mujeres Latinas quieren reunirse para buscar la presencia y la voz de la Divinidad? Recientemente, la organización estudiantil de Latin@s American@s en la Escuela de Divinidad de Vanderbilt recibió la agradable sorpresa de la visita de una Académica Latina en Nashville. Nos enteramos par de días antes de que ella llegara y por lo tanto tuvimos que improvisar. En particular, improvisamos una liturgia que, intencionadamente o no, tenía las características de liturgias mujeristas propuestas por Ada María Isasi-Díaz en su libro Mujerista Theology.

En primer lugar, marcamos un espacio y un tiempo sagrado. Trajimos objetos que son significativos para nosotras. Creamos un altar con esos objetos. Luego, nos sentamos en un círculo alrededor del altar y guardamos un momento de silencio. El hecho de que elegimos sentarnos en un círculo es significativo. La teología mujerista cuestiona las jerarquías y prefiere círculos como una forma de mostrar las relaciones entre iguales. Otra forma en la que mostramos esta igualdad fue poniéndonos estolas, todas nosotras, independientemente de las ordenaciones formales en nuestras respectivas tradiciones. Las estolas eran todas de la misma longitud, forma y estilo. Lo único diferente era el color base. Cada persona eligió un color que le gustó. De este modo, recordamos que celebramos nuestra igualdad tanto como celebramos nuestra singularidad. Cada una de nosotras tiene dones particulares para compartir con la comunidad.

En segundo lugar, oramos. Se veía como una conversación informal. Cada persona dijo algo. Sobre todo, dimos gracias a Dios por las demás, por ese espacio, en ese momento, para conectarnos con las demás y con Dios.

En tercer lugar, hubo una “predicación.” Lo que es característico de un sermón mujerista es la idea de hacer teología en conjunto. Es más una conversación facilitada que una conferencia o una presentación formal de una persona. Leímos una porción de las Escrituras y luego cada persona compartió lo que percibía en el texto. Era la historia de la mujer extranjera que insistió en que Jesús sanara a su hija (Mateo 15:21-28). Una percibió en la historia su propia lucha para encontrar en sus clases “comida” para ella, su lucha para retar a los profesores a darle material relevante para nuestro contexto, para nuestra gente, a nuestra comunidad de inmigrantes y de Hispano-Americanos viviendo en los Estados Unidos. Otra percibió en la historia una mujer que se atrevió a romper las reglas para conseguir lo que necesitaba para ella y su familia, para disfrutar de una vida plena. Otra vio en la historia las muchas mujeres que reiteran interpretaciones bíblicas recibidas y el reto que supone ayudarles a ver las cosas de una manera diferente, como la mujer lo hizo con Jesús. Al final, otra sintetizó nuestras ideas y compartió cómo la historia muestra el poder de ser mujer, el poder para insistir y persistir, para conseguir lo que se necesita para la vida. Esto, sin embargo, hay que hacerlo con valentía, creatividad y sabiduría.

Finalmente, hicimos un ritual que yo llamo “el ritual de lucha.” Seguimos el ritual tal y como aparece en el libro Mujerista Theology. Bendijimos pan y leche con miel. El pan simboliza el alimento diario que necesitamos para vivir, así como el alimento de Dios que nos sostiene para seguir luchando todos los días. La leche con miel nos recuerda a la Tierra Prometida, el futuro que estamos creando con Dios cuando luchamos todos los días para sobrevivir y encontrar una buena calidad de vida. Entonces, nos bendijimos unas a otras sabiendo que somos hermanas caminando juntas este camino hacia nuestro proyecto histórico. Nos damos mutuamente fuerza para permanecer en la lucha.

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